Cuando oí la noticia no quise saber nada. Sólo me dejé llevar por los pensamientos. El programa era "El otro lado"; el protagonista, un muchacho joven de jeans y campera negra que llegaba a Rosario con la intención de dar con un famoso historietista y dibujante que vivía en la zona. La búsqueda se iniciaba en la casa de un hincha canalla que guardaba toda la historia del club y sus momentos más gloriosos. Luego el recorrido por las calles lo confundía hasta dar con un cartel que invitaba a participar de una liga que iba por la moral y las buenas costumbres. De allí, directo a encontrar al progenitor de la movida que hablaba de los vicios de la noche y el descontrol de la juventud.La explosión de gol de un domingo de clásico rosarino lo asustaba en las cercanías de un estadio y lo exponía al delirio de los hinchas. Más tarde la imagen era reconocible; el monumento a la bandera, con las reconocibles escaleras que desaparecían con la figura de Fabián y una anciana que hablaban de la vida y se despedían con un beso, mientras él juraba que no iba a olvidarla jamás. Después el muchacho aparecía con un bolso rumbo a la estación para volver desanimado ante la imposibilidad de concretar el encuentro. Sin embargo, ve que un extraño aguarda el colectivo en un refugio y se parece mucho al personaje que motivó el viaje. Polo lo mira y le pregunta si lo conoce de algún lado. El Negro Fontanarrosa responde negativamente y, punto seguido, el joven periodista se aleja solo en el tiempo y en el espacio.
Recuerdo aquel envío e imagino otro final; uno en el que ambos se encaminan juntos y charlando sonrientes hacia el Parque Independencia, perdiéndose luego en el Rosario más profundo.


